Una ficha de producto no es “el nombre y la foto”. Es el nombre bien escrito para que alguien lo encuentre buscando, la descripción, el precio, el stock, la categoría, las variantes —talle, color, sabor, presentación—, el peso y las medidas para que el envío se calcule solo, y las fotos recortadas todas igual para que la grilla no parezca un rejunte. Multiplicado por la cantidad de productos que tengas. Cargar cincuenta productos con variantes lleva más horas que diseñar la tienda entera, y esa es la parte que el presupuesto barato asume que hacés vos sin decírtelo.
De ahí sale el fracaso más común y más silencioso: la tienda que se entregó vacía. Quedó linda, funciona, tiene ocho productos de muestra cargados por el diseñador y el resto “lo carga el cliente cuando pueda”. El cliente nunca puede, porque tiene un negocio que atender, y a los cuatro meses la tienda sigue con ocho productos, sigue pagando la suscripción mensual y no vendió nada. No falló el diseño: falló que nadie puso el catálogo en el plan.
Cómo lo tratamos nosotros, y qué te conviene exigirle a cualquiera que te cotice. Primero, que el presupuesto diga cuántos productos incluye la carga inicial y qué pasa con los que sobran: es un número, no una zona gris. Segundo, que quede claro quién manda las fotos y en qué estado —fotos con fondo distinto en cada producto es trabajo de retoque, no de carga—. Tercero, que el trabajo se estructure para que la parte repetitiva la pueda hacer alguien de tu equipo con una plantilla y una guía, en vez de pagarnos a nosotros por copiar y pegar. Y cuarto, que la tienda se entregue con contenido real y no de muestra, aunque sea con menos productos: una tienda con veinte fichas terminadas vende; una con doscientas a medias, no.
Y algo que conviene saber antes de contar los productos: si vendés lo mismo en varias variantes, contá productos y no combinaciones. Una remera en cinco talles y cuatro colores es un producto con veinte variantes, no veinte productos. Presupuestarlo de la otra forma —que pasa— multiplica el número por veinte sin que nadie note por qué.